¿A QUIÉN QUIERES MÁS A MAMÁ O A PAPÁ?
De Juan a Juanillo. Pasamos del frutillas de Robert Parker a tirarnos al charco con Raul Pérez. Esta España cañí no aprende a quedarse en el punto intermedio.
A «Robertito» le gusta la vainilla y el yogurt de frutos rojos y a «Raulito» las setas, la asadura al ajillo y comer con las manos. ¡Chacho! Al final me paso a la cerveza.
Que manía tenemos aquí de polarizarlo todo y darle un color u otro.
La necesidad de pertenecer a un grupo o de definirte con una idea, un color o en este caso, con un tipo de vino, a mi me parece una actitud de patio de colegio y de falta de madurez a la hora de valorar las cosas desde una opinion adulta, tranquila y razonada. Que si, que solo estoy hablando de vino… eso lo dices tú. Que se lo digan al pobre Adolfo Suarez o a Albert Rivera en tierras de nadie…

En los ’80 se hablaba de vino ¡Redondo! que en una palabra queria decir perfecto, equilibrado y que por tanto no sobresalia, repito, no sobresalía ningun atributo más que el otro. Una orquesta afinada y armoniosa de aromas y sabores ensamblados como un puzzle o un mosaico de Pompeya.
Y me llamareis clasico, puede ser, pero tanto Parker como Raul son experiencias curiosas a la hora de beber vino y debe servirnos para entender la parcialidad implícita en sus vinos y su sello inconfundible. El grunge o el flamenco son grandes estilos musicales o el indie, sin duda… pero que no me quiten nunca mi concierto de año nuevo o escuchar el Do de pecho de Pavarotti o el mi bemol de la Calas. Chin chin ¡salud!



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