¿EL SANTO GRIAL, LA ATLÁNTIDA, EL TINTE DE PACO GANDÍA? ¡¡¡NOOO!!!, ¡EL BAR PERFECTO!.

 

El bar perfecto es un lugar que con solo nombrarlo nos dibuja una sonrisa y al que vas porque te apetece pasar un buen rato. Es el que al pasar por la puerta, aunque vayas con prisa, entras a saludar, donde se bebé sin sed, se come sin hambre y se le da charla a cualquiera que pida la vez, levantando su vaso.
En este bar, se saluda al entrar y se da un buen apretón de manos, y si se puede además, un fuerte abrazo, sonoro y con palmetazos en la espalda, que dice sin palabras «me alegro mucho de verte, vengo a pasar un buen ratico a tu casa». Y ellos te regalan con sinceridad un «que pasa nenico» que no es otra cosa que, «que alegría, esperádme a que me deslie y hablamos de nuestras cosas».
La cejas arriba y el dedito sobrevolando los vasos vacíos, como un mosquito cojo, es un suma y sigue. Cuando la cosa afloja, el camarero se acerca y se pregunta por la familia y nos ponemos al día de la actualidad del mundo de la farándula.
Hay fechas en las que se pasa lista y los fieles tenemos que estar si o si. Reuniones que acaban, a puerta cerrada, con algún cante y sin parar de contar chascarrillos y anécdotas, con las lágrimas «saltás», sujetando la copa con una mano y con la otra la barriga, tratando de contener la risa contagiosa.

Cuando encuentras tu lugar en un bar así, te das cuenta, de que el arte de servir, es la bondad de ofrecer la alegría altruista por el módico precio de una caña y una tapa, ¡sencillamente sublime!

Aún no he dicho ni lo que se come ni lo que se bebé en ese bar perfecto, ni lo voy a decir… ¡que más da!

El bar que tengo en mi imaginario es… Casa Puga.
Antes compartían mi corazón Casa Puga y el Bar Matias en la calle de la Reina (donde iban a tomarse la penúltima muchas veces los historicos, ya jubilados, de Puga, Adolfo, Juan y compañía…). Pero Matías ahora se dedica a cuidar de sus nietos, a ir a pescar y a fumar B/N (creo que tabacalera lo hace para él) aunque espero que lo deje pronto, el tabaco digo… y la pesca, porque por lo visto está esquilmando la bahía con sus artes.

LA KRIPTONITA DE BOQUITA DE CURA

Son los pecados sin absolución, el anticristo de la buena mesa, la niebla a un faro, el clavo en la rueda, una risa en un entierro, el levante en la playa, un pistacho cerrado, un apretón en un concierto… y ya paro que parezco Sabina…

 

Ceño fruncido, asimetría en la altura de las cejas y cuello de cobra, con boca apretada y labios tensos como los aquiles de Nadal, dibujando el arcobaleno de la decepción…

 

Toquecitos, recortes, más toques, alguna filigrana y… pase con la puntita del cuchillo al mismísimo tenedor que la coge ¡la elevaaa…! y vuelta al filo del plato. Tenedor y cuchillo en mano los platos son desparasitados de miajillas, pellejos, cosillas blandengues, ternillas, telos, hebras, espumilla, cosas que crujen, de color raro, demasiado gordas, muy pequeñas, con filillos sospechosos y que saben fuerte o huelen raro…

 

Por supuesto hay ojos que mastican, saborean e incluso tienen el poder de hacer la digestión… «Uuuy que mala pintaaa, yo eso no lo pruebo que me va a sentar mal, seguro».

 

¡Ahí van las frases más demoledoras!  Capaces de hacer colgar el cucharón al/la más avezado/a  cocinero/a:

¿Eso que lleva?

Me has echado mucho

Esas cosillas de ahí… ¿qué es lo que son?

Esta un poco fuerte, ¿no?

¡Que asco! ¿eso qué es?

!Uyyy¡ lleva mucho blanco

¿Tiene espinas?

¿La piel no se come, no?

Se me ha hecho bola

¿Te puedo echar lo que no me guste?

¿Esto es ecológico?

Yo sólo como cosas sin fermentar

Esto no es fresco, sabe a conservantes…

A mi échame solo de lo tostaillo, sin blanco que esté muy hecho y crujiente pero que no este muy seco y que no este crudillo, de la parte de arriba y con un poco de salsa pero sin pimiento que me repite, quítale la pimienta y…

Te voy a echar… del que esta ungido por leche de unicornia y sazonado con polvo de hadas vírgenes y lágrimas de un elfo célibe e imberbe.

ESPAÑA, UN PAIS DE CHORIZOS…

Magra, tocino, ajo, pimentón y sal. Es el embutido más sencillo de todos y el único que puede elaborarse sin necesidad de conservantes, siempre que se respete la cadena de frío y las condiciones de higiene sean las adecuadas.

Es un embutido que podemos encontrar en cualquier supermercado y que destaca por su calidad, hecho con tripa natural y sin conservantes, colorantes, ni gluten, ni proteína de leche, ni soja, ni almidón de maíz, ni leche frita, ni nada, nada más que chicha, ajo, pimentón y sal.
Es bueno fijarse en la etiqueta pero casi todos los chorizos de marca blanca están elaborados así.

No necesita conservantes porque el pimentón ya es un conservante y junto al ajo mantienen a raya a los bichos. Solo hay que mantener, como decía al principio, unas condiciones de temperatura mientras se elabora para que no proliferen bacterias y una vez curado, puede estar colgado en nuestra cocina al lado de la ristra de ajos, el laurel, los pimientos secos y la bota de vino.

Es un embutido que vale para todo, en fresco es ideal para usarlo en las comidas, ¡que sería de las lentejas sin él! De hecho se les llama lentejas viudas cuando se hacen solo con verduras. Acompaña estupendamente al compango junto con el lacón y la morcilla en unas fabes. El es ingrediente estrella junto a las patatas (no llevan otra cosa) en unas patatas a la riojana. En Asturias ni si quiera lo embuten y fríen la masa de chorizo cruda llamada picadillu y se la comen con tortus -unas tortas de maíz fritas- y un par de huevos fritos, la fiesta del colesterol y los ardores. Preñando un panecillo los encuentras en las panaderías de los alrededores del Mercado del Fontán en Oviedo. Se trata de un bollito que se ha cocido en el horno con un chorizo dentro (bollu preñau), estos asturianos…
Salteado con unas habitas baby o en la menestra de mi Tía Anita junto a unos huevos duros a taquitos… pero esto se merece un capítulo aparte.

Como ingrediente indispensable de los callos a la madrileña que ahora están de luto desde que cerró el restaurante Gregorio III en la madrileña calle de Bordadores 5.

Seco y cortado al bies no puede faltar como aperitivo o para llenar un bocadillo al lado de unas cuñitas de queso el bocata preferido de Justo, el ¡choriqueso!

Chorizos los hay de León y de Asturias, muy parecidos, con un fuerte toque ahumado, lo que los hace idóneos para usarlos en guisos y no tanto para meterles mano con el cuchillo y un chusco de pan.

Los clásicos riojanos, quizá el que más se parezca a la imagen que tenemos de la tripa de chorizo en forma de U invertida.

Cantimpalos, en Segovia y su archiconocido chorizo. Este chorizo tiene unas características especiales con un sabor ligeramente amargoso a la vez que untuoso que recuerda al brie y es que no en vano la tripa está recubierta de un hongo que tiene que ser primo hermano del que tapiza a esos quesos. Tiene un sabor inconfundible. El formato tiene que ser en dos tripas y la cuerdecilla tiene 3 colores blanco, rojo y negro.

En extremadura hacen un chorizo al que le añaden patata, además de la magra, el tocino,el pimienton el ajo y la sal. La textura es mucho más mantecosa y está delicioso, además de estar elaborado con cerdo ibérico y pimentón de la Comarca de la Vera, buenisimo. El problema es que si no se guarda en la nevera se enrrancia en seguida.

Según me apunta mi querido amigo Miguel Ángel, alias «el casero» (alquilaba habitaciones de su piso de estudiante en Granada) en Salamanca, fruto de la necesitad en los tiempos del hambre, se elabora una variante muy curiosa de chorizo, llamada farinato que lleva aguardiente y miga de pan. El Comidista lo explica muy bien aquí:

https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2017/11/02/articulo/1509632183_673573.html

En Salamanca, Huelva y Extremadura, se elaboran grandes chorizos usando una materia prima extraordinaria, el cerdo ibérico. De aquí yo destacaría el formato cular. Son chorizos elaborados con la tripa del recto del animal. Esa tripa es de pared más gruesa, lo que permite que la carne del chorizo se seque más despacio, dando lugar a una curación más lenta. Por su tamaño, de casi un metro y por su grosor, son piezas de casi un kilo o más, son la joya de la corona. Curación lenta y carne de cerdo ibérico de primera calidad. El resultado es un chorizo perfumado, de un sabor cremoso que se deshace en la boca, de un sabor intenso, largo y dulce.

 

En los lugares donde se da la caza mayor también podemos encontrar chorizo de ciervo y de jabalí. Aunque para que estén buenos hay que añadirle grasa de cerdo. Su color es muy oscuro y se aprecia su fuerte sabor a carne de campo. Solo para expertos que se afeitan la barba hasta el corte de la camisetilla interior…

 

Por cierto, en Cadiz le llaman chorizos a los carabineros. Por lo visto antiguamente era el marisco de los pobres. Más de uno, que mala tiene que ser el hambre, lo habría cambiado a pelo por una ristra de chorizos sudaillos en manteca y un cachico de pan, que rico.

 

 

https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2017/11/02/articulo/1509632183_673573.html

 

CEPA BOSQUET, UN VINO BLANCO CON BARRICA Y DE ALMERÍA

Una apuesta atrevida de Cepa Bosquet y de su intrépida enóloga. Un trabajo muy bien hecho teniendo en cuenta la dificultad en la elaboración y afinamiento de estos vinos. La máxima expresión de éstos está en Francia o en el norte de España, buscando acidez y uvas muy recias capaces de enfrentarse a la madera y salir airosas robándole sus esencias y manteniendo parte de su frescura. Virginia, ha conseguido uvas igual de poderosas recolectando aquellas que gracias a la altitud donde se encuentran los viñedos -a mas de 1000 metros- han soportado grandes cambios de temperatura y condiciones extremas, ideales para este tipo de vinos.

Todo ese trabajo que hay detrás es precisamente lo que se percibe en este vino, los matices de la piel de mandarina y la naranja se conjugan con la piña en almíbar y las flores secas. Según se calienta en copa se van abriendo notas fragantes de hinojo y ciertos matices tostados. En boca es denso pero fresco, con matices de jazmín y fruta ácida y deja un largo y sedoso paladar graso y cálido en boca.

Un vino para sacar pecho de nuestra tierra.

 

SPAGUETTI DE SALMÓN Y BECHAMEL DE LANGOSTINOS

No es más que otra vuelta de tuerca para utilizar una fumet de langostinos con un poquito de imaginación.

Esta bechamel puede ser la base de un pescado al horno o acompañar a unas verduras.

Yo lo he combinado con unos taquitos de salmón fresco y han salido estos gustosísimos spaghetti.

Aquí os dejo el enlace para que podáis cocer los spaghetti como el mismísima Sofia Loren.

 

 

http://boquitadecura.com/los-10-manda…

 

Ingredientes de la bechamel:

– Agua de cocer langostinos

-Leche en polvo

– Harina

– Mantequilla

-…Y… ¡DENTRO VÍDEO!

PAPAS CON CHOCO CON CALDITO DE COCER LANGOSTINOS

INGREDIENTES:

-Tres Cebollas

– Dos hojitas de laurel

– Diez o doce granitos de pimienta

– Una jibia o choco o sepia limpia y troceada a taquitos

– Una patata por comensal cortadas al chasquido

– Una cucharada sopera de harina

– Una carterilla de colorante alimentario

– Caldo de pescado o de cocer marisco

-Opcionalmente, se pueden añadir unos guisantes o unas gambas peladas

-Un vaso de Manzanilla de Sanlucar…

-Una copita para el cocinero…o dos, mejor tres… bueno, otra copita… A continuación tirar todo a la basura, cortar jamón y seguir bebiendo Manzanilla.

 

GNOCCHI CON TRES TRISTES PATATILLAS

Seguimos aprovechando los ingredientes del cocido. Esta vez es el turno de tres patatillas cocidas.

Se trocean o se rallan y se les añade harina, sal, nuez moscada y se amasa todo con un par de huevos…

La masa debe quedar suave y que no se pegue en los dedos. Después la dejamos reposar una hora en un lugar fresco.

En casa cada vez que comemos gnocchi recordamos que mi hija Mariana de 5 años piensa que Gnocchi es un nombre propio…

Gnocchi Gabilondo… de toda la vida.

 

 

CUS – CUS CON LAS SOBRAS DEL COCIDO

Si tenemos la precaución de hacer el cocido por separado, usando por ejemplo una cestita metálica para meter la verdura o una malla de tela o saquito, para los garbanzos, podremos después utilizar después las sobras para multitud de recetas tan ricas o más que el propio cocido. Este es un claro ejemplo.

 

COCER LANGOSTINOS A LA SANLUQUEÑA

El proceso es bien sencillo: Es necesario una olla bien grande y un recipiente también grande para hacer una salmuera muy fría. La concentración ideal de sal es la misma que la del agua de mar entre un 3 – 3´5 % de sal, es decir, 30 o 35 gramos de sal por litro de agua, un poquito más si añadimos hielo ya que éste no lleva sal y al derretirse diluye la salmuera. Se pone el agua a cocer, sin sal, o como dice mi madre, con la gracia (una pizca). El agua de cocción no debe de llevar casi sal ya que «quema» la piel del langostino y una vez cocidos quedan de un blanco mate nada apetecible. Cociéndolos sin sal, vamos a conseguir unos langostinos de piel brillante  y con ese característico tono naranja butano.
Por tanto, llevamos el agua a ebullición y cuando «el agua esté hirviendo a gallos» se echan los langostinos.
Cuando el agua empiece a burbujear de nuevo, antes de que vuelva a romper a hervir se sacan los langostinos con una espumadera e inmediatamente se echan en la salmuera que debe estar «más fría que los abrazos de una suegra».
El contraste de temperatura hace que la piel del langostino se despegue más fácilmente  y que su carne quede «más prieta que el pan de higo». Además el langostino va a ir tomando la sal justa por ósmosis y para eso es necesario dejarlos unos 30 minutos en el agua e ir probándolos de vez en cuando para que queden al gusto.

LOS VINOS DE MONTILLA. P.X. UNA REINA CON NOMBRE DE VARÓN

 

Mis primeros contactos con el vino de Montilla datan de la segunda mitad de los años ’90 cuando una horda de montillanos, invadía nuestro piso de estudiantes, cargados de bags in box de vino. Carlos, mi querido Carlos, era uno de mis compañeros de piso y de carrera y hoy se ha convertido, además de en uno de mis mejores amigos, en uno de los mejores fisioterapeutas expertos en neurología y por tanto es profesor en la Universidad de Cádiz.

Gracias a él y a sus amigos empecé, primero a engullir vino de Montilla, y años después a descubrir las particularidades de esta peculiar denominación de origen.

Y es que hacíamos concursos en el piso que consistían en tumbarse encima de una mesa y abrir la boca debajo del grifillo del bag in box y mientras los demás contaban a viva voz, tu ibas tragando vino hasta que se te salían los ojos y en ese momento, te cogían entre varios a bracillete y de sopetón te ponían de pie  y ea a intentar mantenerse de pie con un litro de vino entre pecho y espalda…

Tengo el dudoso honor de haber ganado el concurso en alguna ocasión con la consiguiente ovación por parte de los montillanos que entre gritos decían ¡ESTE ES BUENO, ES UNO DE LOS NUESTROS!, aunque claro, yo no me acuerdo de nada y “El Diego”, “El Agui” Y «El Loco» iban tan frescos…

Iré profundizando en esta tierra tan peculiar desentrañando recetas como el aliño de sus aceitunas o las gachas del día de los santos que si te ríes mientras te las comes te vuelves feo…

¡GRACIAS CARLOS POR ESE FIN DE SEMANA INOLVIDABLE Y GRACIAS A TUS PADRES!