EL VINO DE PEPE BOTELLA EL FRANCHUTE

«A mi me guztan laz papa aliñá, con zu «zebollita», con zu perejí, eza zon laz papa que me guzta a mí»…

La papa Sanluqueña criada tradicionalmente en Navazos (tierras del interior, labradas al nivel del rio Guadalquivir, para ser regadas a cada subida de marea del Atlántico) es la embajadora del viajero humilde que llega con una «hartá» de hambre, a cualquier bar gaditano.

 

Romántico ¿verdad? Patatas regadas al son de la luna y mucha tierra blanca en un lugar donde la luz inunda de energía y paz el paisaje. Cielos azules y laderas suaves, de viñedos infinitos que invitan a dibujar siluetas, e imaginar tiempos pasados, aquellos en los que José Bonaparte, Pepe Botella para los amigos, paseaba airoso a caballo, por aquellas albarizas sanluqueñas. Hasta entonces, el vino de antes de los franceses, se elaboraba en tinajas de barro y se gastaba durante el año en las tabernas, ventorrillos y tascas, metido en toneles, sin más añadidos que algún cante entre el bullicio del local. El vino no se sometía a crianza biológica, ni se encabezaba con alcohol, no habia ningún sistema establecido en la elaboración del vino, se hacía, se bebía y punto. Fueron las necesidades de un comercio floreciente las que aguzaron el ingenio de bodegueros y comerciantes. En honor a la verdad, la culpa no fue de los franceses, si no de los británicos, que a mediados del XIX les dio por beber vino de Jerez, sin conocimiento. Fue realmente entonces, cuando se plantea crear un sistema de crianza del vino en cadena y mantener así los estándares de calidad, de un vino cada vez más demandado.

Aparece así el sistema de solera y criaderas, por el que el vino joven rellenaba la bota de arriba o primera criadera, la primera rellenaba la segunda a así hasta la ultima o solera, por estar en el suelo, de la que se obtenía finalmente el preciado vino. Este sistema garantizaba un producto de una calidad excelente año tras año, gracias a las levaduras presentes en la superficie del vino, que lo criaban, a la vez que lo protegían de la luz y la oxidación.

Nostálgicos documentados en este vino, responsable del apogeo comercial y surgimiento de la alta burguesia jerezana de mediados del XIX, empezaron casi dos siglos después a preguntarse ¿cómo era el vino de antes de los ingleses? ¿A que sabían los caldos que bebía Pepe Botella?.

Abanderados en esa búsqueda, un grupo de amigos, que se hacían llamar Equipo Navazos, empiezan a poner el grito en el cielo hasta el punto de resonar en los techos todas bodegas del marco geográfico. ¿Cómo era posible que teniendo viñedos tan antiguos como la filoxera, sigieran año tras año haciendo el mismo vino?¿porqué si la materia prima era tan excepcional y única, seguían haciendo un vino clónico y exento de la más mínima improvisación?¿Porqué nuestros vinos no tenían año de nacimiento y parecian huérfanos de registro, sin pena, ni gloria?

Las carnes abiertas de algunos, la conciencia removida de otros y el orgullo herido del imaginario de sus bisabuelos,  magnates del vino, hizo el resto.

A día de hoy han vuelto esos vinos particulares, personalísimos y diferentes, tanto que no hay dos iguales y lo mejor aún evolucionan con el paso del tiempo como los grandes vinos de guarda, manteniéndose más vivos que nunca. Elaboraciones que van desde los mostos más joviales a sobretablas de añada, pasando por crianzas en barrica o vinos de asoleo. Maceraciones en frio, vendimias tempranas y un sinfín de variables de vanguardia al servicio de éstos, ya renovados; ¡vinos de antes de los ingleses!.

Ahí van algunas referencias:

De Jerez a Sanlucar pasando por El Puerto y Chiclana.

-Sábalo, Patinegro, As de Mirabrás y Mirabrás, Beta sur, Toto, de bodegas Barbadillo.
-Las 30 del Cuadrado, de bodegas Hidalgo La Gitana.
-Mar de Argüeso, de bodegas Argüeso.
-Manzanilla de añada 1/11, de bodegas Callejuela.
-Forlong blanco, 80/20, Burbuja, Mon Amur, Amigo Imaginario, La Fleur, de bodegas Forlong
-Le Fleq de Flequi Berruti
-Ojo de Gallo, de bodegas Estévez.
-Socaire, Socaire oxidativo y Tivo de bodegas Primitivo Collantes.

De Lebrija, el vino que soñaba con ser manzanilla… (esto merece una explicación, que voy a dar, claro)

-Nebris, de bodegas González Palacios.

Don Francisco González Palacios, puso en jaque a toda una Denominación de origen, cuando se le ocurrió ponerle a su preciado vino Lebrijano, el nombre de Manzanilla. Levantó ampollas en Sanlucar, ya que para él su vino tenía las mismas características que la susodicha y de hecho los viñedos de los que se nutria, compartian territorio en Trebujena. Esto no quedó así y se llevó a juicio, no exento de polemicas y argumentos de una y otra parte.


Hasta el tribunal constitucional llegó el vino de Lebrija, que finalmente perdió su última batalla, pero el tesón de don Francisco, ha quedado patente, no solo por sus firmes convicciones, sino por la calidad de sus vinos y a día de hoy está amparado por la D.O.P. Lebrija.

De Montilla a Moriles y de la Palomino a la Pedro Ximenez.
-Fresquito, Fresquito de Pasto y Brut nature G1 de bodegas Pérez Barquero.
-3 Miradas, El Garrotal, Ladera de Benavente y Paraje de Riofrío Alto, de bodegas Alvear.
– Dulas, de bodegas La Salud.

Y por último, los artífices de esta historia:
-Ovni PF, ovni PX, Navazos Niepoort de EQUIPO NAVAZOS.

Pasta con calabacin

Hebras de Triticum al huevo con cucurbita pepo rallada. (En cristiano…pasta con calabacin)

¿CUANTOS PLATOS SALEN DE UNA OLLA DE COCIDO?

¿Cuánto da de sí una olla de cocido?
No solo es un plato estrella para mi, si no que este guiso tiene infinidad de posibilidades, solo hay que cumplir un requsito: cocer primero la carne y después la verdura y los garbanzos usando eso si, el mismo caldo de cocción para todo. Esta miniciosa elaboración nos va a recompensar después con un puñado de recetas a cual más rica y es que el caldo base resultante de las diferentes carnes con la zanahoria y el apio son los ingredientes del Avecrem y por tanto nos brindan un abanico de sabores que son la pedana sobre la que se asientan muchos platos de nuestra gastronomía mediterranea.


Recetas como los canelones, unas croquetas, el arroz al horno valenciano, una sopa de picadillo, un cus-cus o  una olla de berza.

LOMO PACONIA…

La receta del lomo Paconia, como yo lo he bautizado, llega al papel, despues de años de pruebas e intentos fallidos, en busqueda del método perfecto de cocinar un trozo de carne de gorrino, jamon o lomo, que una vez frio, sea jugoso al paladar y con la consistencia suficiente para cortarlo finisimo a modo de fiambre.

Una vez, probé a cocer en el horno, una pata de jamon entera. Se estuvo haciendo durante más de 8 horas, dentro de una bandeja con agua y liada en una venda, como la pata de un romano. Previamente, la habia untado en un mejunje de miel, sal y pimienta para macerarla y no quedó mal. Dimos buena cuenta de ella, en la inauguración de mi casa, un 2010 en plena feria. Los 30 que vinisteis a la fiesta y Berta desde la barriguita de Almu, recordarán, o no, esa bacanal romana en la que se convirtió el inicio de la feria en casa de los Gonzalez Ruiz, que acabó en un concierto de Sabina y muchas ovejas descarriadas deambulando por el por entonces, nuevo recinto ferial. Cosas veredes, amigo Sancho, cosas veredes…

En otra ocasión copié con éxito la forma de elaborar la porchetta italiana, pero el proceso era tan laborioso que daba fatiga hasta de contarlo.

Se trata, ni más ni menos, de liar un lomo entero previamente salado y especiado con una manta de tocino, dejando la piel hacia fuera y todo bien atado con una cuerda de rafia. Despues de un día en el horno con una bandeja con agua en la base, se deja enfriar y se va cortando como un fiambre.

Me iba acercando al objetivo y estaba muy rico pero tenia mucha grasa y lo encontré un poco seco… todavia no habia dado con la tecla.

Asi que seguí investigando y cogí de aqui y de allá y por fin, ¡LO HE CONSEGUIDO! He aqui la receta para convertir el plomo en oro.

INGREDIENTES:

2 cintas de lomo de cerdo cortadas por la mitad

Venda de gasa de algodón

Manteca de cerdo

Hierbas aromáticas, tomillo, romero, laurel, ajedrea, salvia…

Ajo

Sal ahumada

Pimienta molida

Azucar

Film transparente

ELABORACION:

Hay 2 pasos previos, que son aromatizar la manteca y ahumar la sal. El primero es bien sencillo. Se llena una olla de manteca de cerdo con una cabeza de ajos troceados, romero, tomillo, ajedrea y salvia y se calienta a fuego lento al menos una hora con la olla tapada para que la manteca absorba las esencias de las hierbas. Después se pasa por un colador y ya tenemos la manteca aromatizada y lista. Yo la uso tambien, en pequena cantidad, para enriquecer salsas, arroces y cualquier receta que necesite un toque de hierbas aromáticas o un puntito de grasa.

La sal se ahuma… con humo.

De mis paseos por la Sierra de Gador, subiendo la Cuesta de la Peseta para coger el camino de Enix, recolecto periodicamente romero, tomillo y ajedrea. Cuando llego a casa con la paciencia de un macaco desparasitando piojos, separo las hojitas de las ramitas. Con las hojas hago la manteca y con las ramitas leñosas ahumo la sal. ¿Como? Muy facil.

En la parte de arriba del horno, encima de la rejilla pongo un cedazo o tamiz lleno de sal gorda humedecita previamente.

En la base del horno fabrico una choza de ramitas y con un soplete le prendo fuego, una hoguera domestica, si si una fogata, un minisanjuan, una lumbre, una candela en mi propia cocina e inmediatamente cierro la puerta del horno y coloco una toalla mojada en la ranura de la puerta. El fuego consume el oxígeno e inmediatamente todo el horno se llena de humo. No tengo que decir que hay que dejar el horno cerrado un par de horas para que la sal se impregne de humo. Da igual poner una toalla mojada o una estampita de la Virgen del Mar, el olor a zorruno en la cocina, en la casa y en tu pelo va a durar semanas.

AL LIO CON EL LOMO

1.-Macerado: por la mañana se mezcan a partes iguales sal y azucar con una buena parte de pimienta y se embadurnan los lomos y de dejan al fresco, si es invierno, toda la mañana.

2.-Se sacan de la salmuera y se limpia con las mano del exceso de sal. Se envuelven con la venda para compactar un poco los lomos y se agarre la manteca. A continuación se embadurnan de manteca sobre esa primera capa de venda. Por último se terminan de liar con la venda para que la manteca quede fija pegada al lomo.

3.-Se enciende el horno a 250°C y se introduce en el fondo una bandeja con agua caliente. En la zona intermedia se coloca una rejilla. Una vez caliente el horno se colocan los 4 lomos encima de la rejilla y se baja la temperatura a 75°C.

4.-Hornear 8 horas a 75°C, una vez pasado ese tiempo abrir el horno y dejar que se atemperen los lomos. Se les retira el vendaje y aún templados se lian en film transparente y se dejan al sereno hasta el día siguiente. Por la mañana se guardan rn a nevera y se dejan al menos 8 horas para que tomen consistencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

Casa Puga. Mi bar perfecto.

Se me rien los huesos al nombrarlo, el olor a queso curado de la calle Mariana te invita a entrar doblando la esquina del ventanal enrejado y atravesar los portachones de madera, con tantas capas de barniz como marcas de lapiz tiene su barra de marmol.
¡Ya estoy en casa! dicen mis ojos y mi media sonrisa de satisfacción, mientras me quito la chaqueta y la dejo en el cerrojo de hierro forjado de la contraventana. Un apretón de manos efusivo a Rafa, el último de la vieja guardia, o las miradas cómplices de Diego o de Moi, fiel en su plancha, nos dan la bienvenida. Su Saludo breve se acompaña de una copita y un garabato de lapiz en la desgastada y limpísima barra marmol.
Gambas con gabardina, ensaladilla rusa con boqueron en vinagre, arenque, hueva y mojama. Jamón y queso, huevo a la plancha y champi, pinchos y aguja, solomillo con ajos y atun en escabeche, asadura o alcachofas, chipirones, calamares… y hasta una cohorte de ninfas rociandonos de nectar y ambrosia…
En 20 minutos 3 rondas en 40 minutos la actualidad y la prensa rosa de Almeria, en 60 minutos una servilleta rodea una botella sin etiqueta y empieza el self-service de vino clarete de Albondón y platos de embutidos, mojama y hueva con almendrillas… A los 90 minutos es cuando aqui empieza el tercer tiempo y se me escapan algunas letras de carnaval y unos cantes flamencos. Detrás de la barra, ellos como nadie alimentan como los buenos maestros de ceremonia la camaradería entre los parroquianos que siguen entre risotadas y cháchara pasando un buen rato entre amigos, o no, ya que aqui al forastero se le invita y se le da conversación y se brinda con cualquiera que le parezca bien. Las puertas se cierran y los capillitas nos quedamos comulgando un ratito más y los codos se atornillan en la barra y las tertulias se alargan copita en mano y con el hombro del compañero como atril.
Desde sus paredes llenas de viejas botellas de brandy nos contemplan más de 150 años y sus actuales camareros han sabido mantener la impronta de la familiaridad con la que Leo y Pepe y antes su padre inundaban cada esquina del bar y por ende de los corazones de los almerienses. Legado de una ciudad y paso obligado para el visitante, un  emblema de la gastronomía y el alterne de la capital durante más de un siglo y medio. Estoy hablando como no… de Casa Puga.

EL TOCINO, DEMONIO EXORCIZADO POR BOQUITA DE CURA. LA CARBONARA Y UNAS CORTEZAS.

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La carbonara como la mayoría de platos italianos y por ende de la cocia mediterránea, suelen elaborarse con alimentos sencillos y de origen humilde ya que nuestros ancestros, solo disponían de lo que daba la tierra o el mar según donde hubieran nacido y dependían de sí mismos y de su entorno. Así que había que agudizar el ingenio para hacer de comer cada día algo diferente usando siempre los mismos ingredientes o los que tocaba según la temporada. Su legado está hoy  en nosotros. Un puñado de aceitunas en aliño o un plato de mojama nos recuerdan que detrás de ellas hay miles de años de cultura gastronómica.

Así mismo, la carbonara no podía ser de otra manera. Solo 2 ingredientes son necesarios para dar vida a esta salsa, estandarte de la cocina de nuestros vecinos. Tocino y huevos, si si, nada de nata, cebolla, queso fundido, ni leches… ¡TOCINO Y HUEVOS!.
Se frie el tocino a fuego lento (si es papada mucho mejor, ya que su grasa es más cremosa). Una vez obtenida la grasa liquida  se aparta de fuego y se baten unos huevos (uno por comensal) y se añaden al tocino. La clave de la carbonara es conseguir que se mezcle la grasa derretida con la del huevo. para ello debemos remover enérgicamente y jugar con la temperatura del fuego para que no se cuaje el huevo, cosa que sucede por encima de los 78°C,por tanto deberemos ir retirando la sarten del fuego a la vez que removemos hasta conseguir una crema densa y sin grumitos.

Pellejos de gorrino iberico fritos a fuego lento en aceite de girasol con ajo y orégano…¿Alguien da más, por tan poco?

Lo mismo nos ponen una válvula cardiaca de cerdo que nos tapona las arterias y nos sube el colesterol…
Pocos animales pueden generar tanto amor y odio a partes iguales…

Jamón – Triquinosis
Longanizas – Purinas
Salchichón – Ramadán
Cochifrito – Plagas de jabalíes
Mascota – Peligro medioambiental.

 

SANLUCAR DE BARRAMEDA, LA CIUDAD SANTA DE BOQUITA DE CURA.

Un lugar único en el mundo, que le da nombre a un vino, también excepcional, la manzanilla. Y así mismo lo confirma una sentencia del Tribunal Constitucional que, tras unos, poco amistosos pleitos con sus vecinos de Lebrija, la ciudad ha conseguido que el vino y su entorno sean considerados únicos en el mundo, un tesoro al abrigo del Guadalquivir y mecido por el poniente para proteger con recelo a un bichito capaz de transformar un vino anónimo y sin luz, en la niña bonita, la manzanilla. Hablo del protagonista mudo de la historia… el velo flor o como lo llaman por aquí, la madre. Un microorganismo que es el habitante 0 de Sanlucar, un indigena autóctono de pura cepa al que cuidan con recelo y al que los bodegueros Sanluqueños sirven pleitesia. No en vano es capaz de aportarle al vino características únicas y matices que lo diferencien de sus vecinos de Jerez a solo 25 km. Sin duda, es un superviviente de los tiempos de Napoleón que ha sabido jugar bien sus cartas…

Una vez calmada la sed, hay que menear el bigote, precisamente Casa Bigote es uno de los restaurantes más emblemáticos, situado en Bajo de Guia.

Pero un momento,

que si de guia se trata

he empezado por el final.

Y no es bajo si no alto

el barrio por el que vamos a comenzar.

Vaya lío. Iros acostumbrando al lío y al doble sentido que «esto el Caí y aquí hay que mamar» donde nada es lo que parece ni todo lo que se dice, es lo que se entiende…

«¡zi zi zi lleva razón er nota joe!»

Sanlucar tiene principalmente 3 zonas bien diferenciadas para comer, El Barrio alto, las inmediaciones de la plaza del Cabildo y Bajo de Guia.
Tradicionalmente en el Barrio alto comer, se come poco. Es donde se concentran la mayoría de las bodegas ya que como es la zona más alta de la ciudad, los vinos se conservan más frescos. Es una especie de meseta desde la que se divisa el Atlántico y el Guadalquivir y en el horizonte el Parque Nacional de Doñana… ¿se puede pedir más?, pues sí, ¡ponte una copita!
En esta zona hay una infinidad de barecillos aunque más que bares son despachos de vino, confesionarios a los que cada día acuden religiosamente sus feligreses a purgar sus pecados, a golpe de vaso en el mostrador, de manzanillas fuera de carta, elixires sin embotellar sacados cada mañana directamente de la bota al vaso y digo vaso porque aquí no se gastan catavinos, eso es cosa de forasteros. El vino se bebe en vaso estrecho y… del tiempo. Aqui es donde realmente le sale el bigote a los Sanluqueños, no en Bajo de Guia. No obstante las cosas van cambiando y la oferta gastronomica se amplia con algo de jamón, mojama, queso y alguna ensaladilla…

Bajando la escalinata del Carril de los Ángeles dirección a la playa nos vamos a encontrar el mercado. El corazón de la vida sanluqueña. Marujas haciendo la compra (y marujos) y un bullicio de gente y alboroto tipicamente gaditano. Este mercado refleja fielmente la idiosincrasia gaditana, como espectador es sorprendente ver como se desenvuelven con agilidad de funambulista señoras de curvas ceñidas y busto prominente luciendo porte orgullosas, con sus tacones y el pelo perfectamente recogido, ataviadas de bolsas sin perder la elegancia de su paso al contonearse entre la gente a viva voz abriéndose paso mientas piden media de acedias al pescadero y la vez en la carnicería para comprar unos chicharrones y un poquito de zurrapa para el desayunos de sus niños.

Saliendo del mercado y siguiendo calle abajo se abre la plaza del Cabildo. A su alrededor hay multitud de bares y la oferta gastronómica es infinita bajo el denominador común de la manzanilla y el langostino tigre. La otra cara de la moneda, no hay yin sin yan, ni gordo sin flaco y la manzanilla no iba a ser menos. Pescados en la desembocadura del Guadalquivir, los langostinos tigre son el estandarte y reclamo gastronómico de la ciudad. Un sanluqueño de pro me enseño que «los auténticos» son los que tienen la colita azul, «Paco, si no, no son de aquí eh» me decia «el caballa» chupando la cabeza de un desafortunado langostino.

Boquita de cura pierde los vientos por dos bares de esa plaza…
«como se pueden querer a dos bares a la vez… y no estar loco» Casa Balbino y Barbiana.

Del primero me sorprendió la cantidad de camareros que había detrás de su barra de acero inoxidable. Uno cada dos palmos pero todo tiene su porqué… La primera vez que fuí había tanta gente que el camarero solo veía la correa del reloj cuando levantaba la mano, claro que no llego al triste metro setenta. Tiempo después me daría cuenta de que en Balbino siempre hay tres filas de personas delante de la barra. Así que grite, «perdone» a lo que el camarero contestó, -hablándole a mi reloj-, «que le pongo, caballero» tendría que haber dicho… ¿quiere que le de cuerda? ¿Le aprieta la correa? En fin, yo estupefacto le contesté, claro. «Si, si  ejem…póngame dos cervezas, tres manzanillas, un tinto con blanca, una sin y un mosto».
Yo no seguía muy conforme con el método, pero la ronda fue servida de inmediato al cronografo Lotus. Pasados los minutos vuelta a empezar… asomé la manita y de inmediato el camarero me respondió… ¿Le sirvo lo mismo? ¡Venga ya hombre!… ¡raíz cuadrada del radio de la Tierra dividido por la distancia del Sol a la Luna…!
Pues eso, que me puso la ronda exactamente igual. A tomar por saco cinco años estudiando para notario ¡a un notario querría yo ver de camarero en Balbino!

La extravagancia en los métodos de atender a sus clientes no acaba aquí. Uno de sus platos estrella son las tortillitas de camarones. Más que tortillas son rejillas crujientes de camarones. Y es que tienen la masa justa para que los camarones se unan entre sí con sus  bigotitos a la cola de otro. Estoy seguro de que los camarones de Balbino estan amaestrados y se lanzan a la freidora como paracaidistas acróbatas o nadadoras de sincronizada.
Esta delicia está tan solicitada que por si fuera poco, el volumen de clientes que visitan el bar, las tortillas se sirven también para llevar. Así que, al lado de los cuadros y fotos antiguas, debajo de la cabeza de toro, hay ni más ni menos, que un dispensador de carnicería de color rojo y de vez en cuando se oye «el veintisinco, pero sin rima»

Barbiana toma su nombre de Bodegas Barbiana actualmente en propiedad del grupo Delgado Zuleta. Es un bar más familiar, de barra de madera y muy acogedor. Su especialidad son las papás aliñas con un trozo de melva por encima del tamaño de mi antebrazo.

«con su cebollita, con su perejí, esas son las papas que me gustan a mí».

Las tortillitas de Barbiana son las clasicas de masa, deliciosas y suaves, blanditas por dentro y crujientes por fuera. Destaca el dulzor de su cebolleta que acentúa el delicado sabor de los camarones.
La manzanilla de chateo es una de las más equilibradas de las que he probado alli, ideal para perder la cuenta y beber sin conocimiento, para acabar hablando con medio bar y arreglar un poco el país y hasta echar algún cante.

Acabando con el recorrido llegamos a la playa por el recinto ferial. Cada vez que piso el alvero de ese bulevar, sea feria o no, se me eriza el pelo y no puedo evitar esbozar media sonrisa de lo vivido en cada feria con los que como yo, somos devotos feligreses, peregrinos feriantes que esperan con recelo que llegue el último fin de semana de mayo.
Una vez en el paseo marítimo, nos quitamos los zapatos y nos remangamos los vaqueros para ir por la playa rio arriba viendo a los mariscadores cogiendo navajas en la bajamar, ataviados de un cubo y una botella de salmuera. Van mirando el suelo y cuando ven un boquetito le echan un poquito de salmuera. El bicho se mosquea y sale peleón con la lengua fuera y zas, al cubo.
Después del paseo, se divisan al fondo los toldos de los restaurantes de Bajo de Guia, a cual mejor. El famoso, Casa Bigote, pero ninguno defrauda. Lo que si nos puede sorprender es el precio, mucho más elevado que en los bares que he nombrado anteriormente.
Es una cocina mucho más elaborada y se come a mesa y mantel exquisiteces que bien valen su precio.

La feria de Sanlucar es otro alto en el camino que nadie se debe perder aunque perderse en ella no es mal camino y más fácil de lo que parece… y de perdidos al río, ¡Guadalquivir! y a disfrutar de un lugar y un entorno que te envuelve de luz y te llena el alma de olor a con un ambiente y unas gentes que dejan huella en el corazón y piden volver. Si no quieren que les pase como a mí, mejor no pisen suelo sanluqueño, o de lo contrario,se lo digo yo, están perdidos.

De las aventuras y desventuras de un puñado de irreductibles en feria hablaré más adelante, necesito recopilar más datos en la memoria colectiva, porque hay muchas lagunas, no se lo pierdan…

TABERNA ENTRE VINOS, EL PARAISO DE BOQUITA DE CURA

 

¿Será porque Rafa es de Tabernas?

Ya se sabe que en Tabernas, para saber si eres «bueno», te tiran al techo al nacer… y os aseguro que Rafa se columpió un rato en la lampara antes de bajar de un salto. Me río yo de los espartanos.
¿O quizá porque David…? -alumno aventajado de la SAFA, como yo- sabe muy bien de las cosas que hacen felices a la gente y es un tío decidido y con las cosas muy claras.

Y por eso Entre Vinos es como es.
Está por encima del bien y del mal, como una buena película que no envejece y que no te cansas de ver, en la que te ries, lloras y te emocionas, disfrutas y te evades. En la que el argumento fluye sin esfuerzo y no quieres ver el final y cuando llega, siempre descubres algo nuevo que no deja de sorprenderte.

Así es esta Taberna, ideada por dos camareros, como ellos mismos se definen, que con su modestia han conseguido uno de los mejores sitios para comer de los que yo haya visitado nunca.

En continua renovación y adaptándose siempre a los gustos de sus clientes, nunca te defraudan, como la abuela del pueblo que siempre se guarda un As en la manga a modo de postre exquisito cuando tu ya habias dado por terminada la fiesta…

Su cocina es compleja, sofisticada y elaborada, pero en sus platos no lo parece. Solo al dar un bocado a un aparente sencillo sandwich de rabo de toro te das cuenta de las horas de trabajo que hay detrás de esas dos rodajas de pan rellenas de carne…

Cada detalle está estudiado al milímetro; el pan, las servilletas, el orden de servir los platos, la temperatura de los alimentos, aunque mientras estás allí no eres consciente del rodar de la maquinaria… solo sientes el placer de cada bocado y cada trago, el bienestar de la compañia y el agrado que transmiten estos dos verdaderos maestros, de hacer felices a la gente. Gracias chicos.

MOVIMIENTO LGSF (Lactosa, gluten, sorbitol y fructosa)

En los ’80 eras, punk, heavy o pijo y eso te empoderaba dentro de un grupo social con el que te sentías identificado y realizado, defendiendo una estética y estilo musical y satanizando a los demás para ensalzar tu propio estilo de vida por encima de las demás tribus urbanas.
Pero parece que los vinilos y la aguja del tocadiscos se ha cambiado por un plato de porcelana y un cucharón de fibra de coco orgánico reciclado y a día de hoy lo que echamos en el plato nos distingue a unos de otros.

Con lo fácil que era ponerse a un lado u otro de la barra de un bar y decir que eras del Madrid o del Barça…
Hoy no basta con ser podemita o un fiel votante de VOX, ir a misa o declararte abiertamente agnóstico.

¡¡¡En la mesa ni fútbol, ni política ni religión…!!!
Pero si alguien hurga en mi plato o mete sus narices en la olla con cara de desaprobación… entonces la cosa ya pasa de castaño oscuro y no me puedo callar.

La música, la moda, tu equipo favorito o tus ideas políticas y religiosas entiendo que puedan posicionarte dentro de un grupo afín, pero… ¿comer una cosa u otra? ¿Posicionarte en contra de un alimento y hacer de ello tu forma de vida?… En serio, no lo entiendo.
El ser humano tiene colmillos para desgarrar la carne y a la vez la capacidad de absorber nutrientes de las plantas, a priori eso es una ventaja evolutiva, ¿o no?.
Estamos en la cresta de la pirámide alimenticia pero se ve que cuando el demonio no sabe lo que hacer, con el rabo mata moscas.

¿Qué es eso de? «soy intolerante, me sienta mal, estoy intoxicado de esto o de aquello voy a hacer una limpieza intestinal con batidos DETOX»
Me he debido de perder, ¿acaso los romanos envenenaban a sus emperadores con unas gotitas de fructosa? ¿o la mamba negra tiene los colmillos llenos de gluten? ¿El sorbitol es tan peligroso que puede explotar o formar parte de una maligna arma química, hecha en un laboratorio secreto? ¿La vacas en realidad quieren intoxicarnos a todos para dominar el mundo y vengarse por hacer hamburguesas con sus hijos?

Desde hace miles de años el ser humano aprendió a comer probando los alimentos y si caía muerto al día siguiente o se iba por la patilla, los demás aprendían y no comían ese alimento.
Es muy fácil, ensayo-error. Si ya lo hacían nuestros ancestros ¿porqué hemos dejado de hacerlo y nos dejamos llevar por estas modas alimentarias sacacuartos enmascaradas de pseudociencia?

«Si no te sienta bien la leche pues no te la bebas pero a mi me sienta estupendamente»

«Yo no tomo gluten que es malísimo» Pero te bebes los botellines fresquitos de cerveza que da gusto.
«La fructosa y el sorbitol me hinchan la barriga y me dan gases»
Y a mi la morcilla y las fabes… no te enciendas un cigarrillo a mi lado esa tarde y punto.
Que yo sepa el alcohol produce una «intoxicación etílica» que te puede llevar al coma e incluso a la muerte y al día siguiente produce cefaleas, nauseas y vómitos, mareos, malestar general, astenia, depresión, diarrea… y nadie dice que no a la tercera copilla, que como dice mi amigo «El Kasero» sabio entre sabios:
«Una está bien, dos son muchas, pero tres son pocas»

NOTA :

-El consumo de alimentos procesados o procedentes de agricultura y ganadería sostenible son una elección voluntaria e ideológica, así como lo es el veganismo una elección basada en el ecologismo y el respeto a los animales.

-Este texto respeta totalmente los problemas de salud serios y reales como las alergias alimentarias, la diabetes tipo I, la enfermedad de Crown o la celiaquía entre otros.

Mi abuela Mariana y yo

¡¡¡QUE TE DEN… MORCILLA!!! SI, PERO DE LA DE MARIANA, LA PERIQUISA.

Hay que pasar hambre para que a uno se le ocurra hacer un embutido con sangre. La necesidad agudiza el ingenio y nuestros antepasados llevaban a rajatabla aquello  de lo que no mata engorda…

Black pudding

La morcilla es un embutido típicamente español. Los británicos tienen una especie de embutido cocido de masa y textura uniforme al que llaman black pudding más parecido quizá a la mortadela pero en negro.

 

Blutwurst

Bull negre

En Alemania también hacen blutwurst literalmente embutido de sangre, más parecido, en este caso a la butifarra o al bull negre catalán.

 

 

En España en realidad a falta de uno, tenemos dos embutidos diferentes ambos hechos con sangre.

La morcilla y la butifarra.

Esta última esta hecha básicamente con los recortes cocidos del cerdo, como son la piel y las partes menos nobles que no contienen casi carne, así como parte del hígado y la cabeza del cerdo.

Todo se cuece previamente y se tritura para añadirle después la sangre y las especias.

Después en casa casa y región se hace de una manera.

Es un embutido muy rico en colágeno y con poca grasa si lo comparamos con el salchichón o el chorizo que pasan del 30% de materia grasa. Además como está cocido lo pueden comer las embarazadas y no hay riesgo de contraer triquinosis.

La morcilla, por otro lado, lleva básicamente sangre, cebolla, grasa y especias.

En Burgos le añaden arroz y a mi parecer es bastante sosa, si se come cruda. Gana mucho frita y acompañada de tomate frito y huevos fritos y pan… que cosas tengo a veces…

La morcilla Asturiana es imposible comérsela cruda, ya lo he intentado varias veces y nunca lo consigo.

Como veis me encanta la morcilla cruda, pero esta no. He descubierto de hecho, que la hacen solo para usarla a modo de hueso de canilla o jarrete, es decir, para dar sabor a las fabes. Es muy muy intensa con un fuerte sabor ahumado y muy grasa. De hecho se ponen solo un par de moñitas en unas fabes para 6 personas.

Emberzao

Menos mal que los Asturianos son muy «espabilaos» y tienen otra morcilla, el emberzao. Se trata de una morcilla que usa una hoja de col a modo de tripa. Se come en rodajas gorditas, marcadas vuelta y vuelta a la plancha, buenísima.

Morcilla de hígado

En Villamartin de la mano de Carlos e Isa, probé una vez la morcilla de higado, que como su nombre indica lleva trocitos de asadura en su interior. Muy buena y original.

En Huelva le llaman morcilla a un embutido hecho de carne y que como el chorizo lleva pimentón, pero que a su vez es negro porque debe llevar sangre, pero entonces… ¿debería estar cocido, porque si no, la sangre se pone mala? y sin embargo no está cocido, solo seco… hay algo que no encaja…

Morcilla ibérica

La morcilla perfecta, la del paladar de mi infancia es la que hacia mi abuela Mariana.

LA MORCILLA DE MARIANA LA PERIQUISA

Grissini torinesi

Toda la matanza giraba en torno a la hora de hacer las morcillas. Unos días antes mi abuela hacia los crespillos, una especie de picos o colines hechos de harina, agua levadura, aceite y pimentón, con forma de batuta como los grissini torinesi.

Crespillos murcianos

Los crespillos son típicos también de Puerto Lumbreras y Lorca, alli son rectangulares y mucho más grandes que una regañá, mucho más crujientes y quebradizos.

Estos crespillos servían para ser molidos bien finos y añadirse a la masa de la morcilla para darle ese toque a tostado y la suavidad de la harina y el aceite.

Para hacer estos crespillos mi abuela y mi tía Antonia, esperaban a que subiera la masa cogían el barreño lo echaban en el carrillo de mano y se iban las dos al horno a hacer los crespillos en la panadería.

Colgadas de un mallazo escurriendo en el almacén, estaban las cebollas cocidas. Mi abuela siempre compraba la mejor cebolla morada a precio de oro porque sabia que así la morcilla quedaba más dulce.

Un saco de almendra tostada y otro saco de PIÑONES… si si, los piñones en la morcilla casi había que apartarlos como los guisantes en un arroz caldoso.

Un día, no hace mucho, iba yo a hacer pesto y leí que se hacía con piñones. Inmediatamente llame a mi madre y le dije: – Mamá tráeme un kilo o kilo y medio de piñones. mi madre se echo a reír y me dijo:

-¿Tu estás tonto o que te pasa?¿Tu sabes lo que vale eso?. A lo que yo le dije:

-¡Pero si la abuela le echaba un saco de piñones a la masa de las morcillas!

-Tu abuela, tu abuela no tenia miseria ninguna, ¡echaba los piñones sin conocimiento!

Así fue como descubrí que los piñones valen a más de 70€ el kilo.

Una vez añadidos los crespillos molidos, la almendra troceada, los piñones, las especias, la cebolla molida, la sangre y parte de grasa del cerdo, se empezaba a mover y a probar. Cuando estaba lista se empezaba a embutir.

Había 2 momentos de máxima tensión en la matanza, el proceso de embutido y la cocción de las morcillas.

El primero es muy importante ya que si no se embute bien y queda aire, durante la curación de los chorizos y salchichones  pueden desarrollarse bacterias y echar a perder toda la matanza.

En el caso del embutido de la morcilla la presión de llenado determinará que la tripa reviente o no al cocerla.

Cuando llegaba el momento de cocer las morcillas, la tarde del primer día de matanza, todo el mundo se iba acercando a la gigantesca olla negra de hierro expectantes del momento cumbre. Mi abuela controlaba las ascuas y movía con maestría los palos para conseguir un fuego estable. Nada podía salir mal. Entonces cogía una ristra y con un palo la sumergía en la olla, se hacia el silencio y si todo iba bien, poco a poco y con precisión de artificiero iba metiendo las morcillas en la olla. Poco a poco se iban cociendo y con el mismo cuidado Mariana las sacaba, seria y con cara de situación pero satisfecha del resultado.

El olor a morcilla caliente levanta el espíritu y su dulzor balsámico alimenta el alma, de los que como yo hemos vivido esa infancia en el pueblo.

Para mi la única morcilla que mantiene vivo el recuerdo de la de Mariana Soler es la morcilla Peñacruz de Serón. Por supuesto no lleva piñones pero su sabor recuerda a las tardes de matanza y su olor aviva en mi el recuerdo de las risotadas de satisfacción de mis tías y mi abuela probando esa tarde de invierno, las morcillas recién hechas.