LA LLUVIA NO CESA Y… MAMÁ, ¿OTRA VEZ MIGAS? ¡¡¡Y QUE HAGO!!!

¿Recuerdan eso que dije de no caer en localismos? Pues es el momento de olvidarlo porque voy a hablar del plato típico de la Ciudad de Almería. Las migas.

Y es que cuando llueve en Almería, cosa que no pasa más de 30 días al año, además de desbordarse las alcantarillas y de triplicarse el tráfico, en todos los hogares de la capital se prepara este singular plato.

En el centro, se mezclan el olor a asfalto mojado con el de los ajos fritos, los pimientos y la harina cociéndose lentamente.

En cuanto caen dos gotas, los almerienses nos armamos con paraguas, botas, chubasqueros y gabardinas para correr al coche que nos lleve al trabajo, en la manzana siguiente. Recogemos a los niños del colegio también en coche, aunque debamos aparcar en triple fila y andar 15 minutos. Pero vale la pena el esfuerzo porque al llegar a casa nos esperan las migas que nos garantizan una tarde de pesadez y sopor digna de un estado febril.

Los ingredientes básicos son harina, agua, sal, ajos y aceite. Después los “avíos” pueden ser muy variados desde los pimientos fritos a la morcilla pasando por la magra de cerdo, la longaniza, el tocinillo, la asadura, o en su versión veraniega las sardinas a la plancha y los boquerones. También las he comido de postre con azúcar por encima o acompañadas de granadas y melón. Mi abuelo Domingo, cuando sobraban, se las dejaba en un platito y a la mañana siguiente se las echaba en el café con leche a modo de cereales, pero a lo español.

Para la elaboración de las migas son necesarias una rasera* y una paila o sartén, ambas de hierro.

Como siempre la harina vuelve a ser tema de discusión y es que hay quien las prefiere de sémola (más suaves, menos indigestas y de fácil elaboración) otros de harina de pan, es decir de fuerza, de trigo tierno (mucho más consistentes, de cocción muy  lenta y más trabajosas) en algunos casos hay quién mezcla la de trigo con harina de maíz o panizo (bastante indigestas y con un toque dulzón muy característico). En una ocasión el tío Paco Giménez las hizo envueltas con patatas a lo pobre muy blanditas dando un toque muy suave a las migas, aunque no es un plato para comer a diario…

La forma de elaboración también depende de las familias y de la tradición de cada casa. Normalmente el ritual comienza friendo los ajos en aceite. A partir de ahí hay quien añade agua (como un vaso por persona) y sal, y se lleva a ebullición para a continuación añadir la harina (un vaso por persona y algo más) se baja el fuego y se empieza a remover. Esta manera es la que popularmente se denomina como hacer las migas medidas y se hacen, usando como referencia la receta escrita en el paquete de sémola de trigo duro “la Catalana”.  Mi madre, que cuenta hasta las croquetas y ordena las latas de atún por fecha,  me enseño a hacerlas así.

La otra manera consiste en retirar los ajos y el aceite de la paila, a continuación añadir el agua como en la receta anterior y sal. El punto de sal se consigue probando el agua que debe quedar sabrosa pero no salada, a mi particularmente me gustan las migas dulzonas. Cuando el agua rompa a hervir se va añadiendo la harina a la vez que se van removiendo.  Yo uso harina de grano duro, la usada para freír.

La medida de harina suele ser la misma que de sémola, aunque conviene disponer de harina de sobra ya que se va echando a ojo y a veces dependiendo de la harina, absorbe más o menos agua.

Esta receta tiene la particularidad de añadir el aceite de freír los ajos cuando las migas empiezan a formarse, en el momento de moverlas, pudiendo dosificar la cantidad del mismo para no pasarse.

En ambas recetas es opcional añadir los ajos mientras se mueven las migas. Yo prefiero añadirlos al final para que no se deshagan y cada cual decida después comerlo o no.

Así me enseño a hacerlas la cocinera del restaurante Las Eras en Tabernas.

El nivel Master es hacerlas en el fuego debajo del rincón o chimenea, encima de unas estreves** controlando la llama sacando y metiendo  un palo largo.

Así las hacía mi abuela Mariana en las matanzas.

 

Hemos llegado al punto clave en ambas recetas, el arte de mover las migas, labor que se suele hacer por turnos por el esfuerzo que exigen, sobre todo las de harina.

Para moverlas se coge con una mano el mango de la sartén, convenientemente liado en un trapo de cocina, ya que como la paila es de hierro y el mango del mismo material y además de quemar bastante, deja su impronta en la mano del que lo sujeta más de cinco minutos seguidos.

El movimiento de la rasera debe ser muy suave empezando desde abajo y recorriendo el fondo de la paila en línea recta, haciendo un giro de muñeca al final para volver las migas y vuelta a empezar en otro punto distinto hasta haber recorrido toda la sartén. El objetivo es conseguir que la masa inicial se transforme en un conjunto de bolitas esponjosas, que aunque blandas estén cocidas.

En todo momento el fuego debe estar bajo para que no se tuesten las migas y se cuezan poco a poco. El punto de cocción después es muy personal y normalmente el cocinero o cocinera pregunta a los comensales cómo les gustan si más crudillas o más sueltas. Para dejarlas “crudillas” basta con moverlas muy poco a poco y muy despacio evitando romper las bolas para que queden jugosas. Si en cambio las queremos “sueltas” hay que moverlas con más vigor y cortar con la rasera las bolas según vayan apareciendo quedando unas migas más pequeñas y un poco más secas y con apariencia de arena gruesa y se sabor más tostado.

El acompañamiento de las migas se suele freír aparte, aunque hay algunos atrevidos que usan el aceite de freír la engañifa*** para hacer después las migas, nada recomendable os lo aseguro, al menos para los estómagos de este siglo.

Las migas era un plato típico en tiempos de siega o de labranza y de pastores. Se comía al alba antes de la faena, y no volvían  a comer algo hasta que se ponía el sol así que se pueden hacer una idea de la contundencia del plato.

Yo frío primero los pimientos verdes, que preparo enteros con su rabo, haciéndoles un corte longitudinal. Una vez fritos los saco con cuidado y los pongo en un escurridor de pasta con un platito debajo, para que suelten el aceite sobrante. Esta operación la iré repitiendo con todo lo que fría, colocando todo lo frito con anterioridad, una vez escurrido, en un recipiente grande. Así pues continuo friendo la magra, después el tocino desalado cortado a taquitos, la asadura de cerdo compuesta de hígado y pulmón y por último la longaniza blanca y roja. La morcilla también se puede hacer frita pero a mí me gusta más así. Al comprar las morcillas nos aseguramos que no estén rotas, las metemos en una olla con agua fría y las ponemos a calentar a fuego medio. Antes de que empiecen a hervir las apartamos del fuego y las dejamos en su propia agua hasta el momento de comer. Hechas así me recuerdan a las que hacia mi abuela Mariana en las matanzas y que nos comíamos al caer la tarde recién sacadas de la olla.

Una vez todo listo, se hace un hoyo en la paila de las migas y se echan todos los avíos dentro. Después se tapan con las propias migas formando una montaña para que se calienten y encontrarlos mientras vamos comiendo. La morcilla se sirve aparte ya que la piel es muy frágil y se rompe con facilidad.

Las migas se comen con cuchara y se sirven al centro directamente de la paila. Cada persona come de su zona y no está bien visto alargar la cuchara para coger del de enfrente.  Se pueden poner platos para dejar los desperdicios o para echarse las migas cuando hay muchos comensales y la paila queda un poco lejos.

Lo que mejor acompaña a este plato es una ensalada en verano y el remojón en invierno que no es otra cosa que un hervido a base de pimientos asados, tomates secos, y cebolla al que se le añade pimentón y alguna que otra guindilla con un chorrito de aceite.

Como bebida ideal yo propongo siempre vino, nunca cerveza o agua. El saber popular dice que las migas piden agua, pero no conviene beber mucha ya que se hinchan en la barriga y es una sensación muy desagradable, por no hablar de la cerveza. Por eso yo recomiendo un poco de vino, bebido con moderación.

Si se preparan con pescado, como en los chiringuitos en verano, este no va frito si no a la plancha. El pescado que mejor le va es la sardina, el boquerón grande e incluso un arenque seco que se come tal cual. El pescado se servirá aparte junto a unos rábanos pelados y un puñado de aceitunas.

Una siesta de un par de horas sería más que recomendable y dar el día por perdido, dedicándolo a la lectura y al reposo.

 

*Espátula hecha normalmente de forja en una fragua expresamente para mover las migas. Suele ser de hierro y de mango largo y se debe untar en aceite después de su uso para evitar que se oxide.

**Trébedes: Trípode metálico soldado a un aro que se usa para cocinar encima del fuego usándose como soporte de la sartén.

***Carne, tocino, vísceras y embutidos de cerdo.

ALIÑO, PIPIRRANA, VINAGRETA, SALPICÓN O PICO DE GALLO

 

Cinco palabras para una misma receta dependiendo de si vemos bajar la marea en la Caleta, romper las olas en el Cabo de Gata o ver a un tío tirarse una púa en Acapulco. Se trata de una especie de ensalada que sirve de base para alojar en ella los más exquisitos productos del mar. Se necesitan un par de pimientos verdes, tres o cuatro tomates de ensalada no muy maduros y una cebolla dulce. Se le puede añadir opcionalmente un poco de ajo muy picado y perejil. En Méjico usan cilantro en lugar de perejil y zumo de lima en lugar de vinagre, mismo perro, distinto collar.

El secreto va a estar, después de lavar muy bien las hortalizas, en cortarlas muy pequeñas con precisión de cirujano y todas del mismo tamaño. Deben quedar unos cuadraditos de un par de centímetros aproximadamente. Después se adereza con sal, aceite y vinagre de Jerez.

La cabeza del pulpo cocido troceada es uno de esos manjares que maridan perfectamente con esta ensalada obteniendo una pipirrana de pulpo o pulpo a la vinagreta o pulpo aliñao.

Los mejillones al vapor abiertos y bien fríos (entiendo que hemos eliminado la valva sin carne previamente) también se benefician de este aliño. En esta ocasión ayudándonos de una cucharilla rellenaremos uno a uno cada mejillón colocándolos en una bandeja y sirviéndolos de inmediato bien fresquitos.

Es muy frecuente encontrar en las cartas de bares y restaurantes costeros el “mero a la vinagreta” que tiene de mero lo que tiene de champagne el agua con gas. Se trata de recortes de grandes pescados como aguja, emperador o pez espada, cazón y tintorera, o incluso de casualidad algún mero o cherna. También se usa a veces fogonero un pez parecido al bacalao y hay quien le llama “mero blanco”… ( y un cajaro ) … Estos recortes sin piel ni espinas se fríen enharinados y una vez fríos se envuelven con el aliño. Este plato mejora si dejamos pasar un día para que el enharinado coja el sabor del vinagre. El del restaurante Capitol es verdaderamente sublime. Lo sirven tibio con el punto justo de vinagre y con el pescado jugoso y la verdura crujiente. Espectacular.

https://restaurantecapitol.com/capitol-centro/

Quizá el plato más típico con la base de esta ensalada sea la hueva aliñá. En este caso la materia prima es la hueva de merluza. En grandes superficies se puede encontrar ya cocida y lista para comer. Pero si  la compramos fresca mucho mejor, aunque hay que cocerla primero. La  ponemos en una olla con agua fría y sal y calentamos a fuego lento hasta que la hueva cambie de color, lo que indicará que ya está cocida. Dejaremos enfriar en su propia agua y una vez fría la cortaremos en rodajas y le añadiremos el aliño.

Las caballitas en piriñaca son casi religión para los caleteros del Barrio de la Viña. Las desafortunadas caballas recién pescadas se venden desde el barco en la mismísima Caleta y las marujas, los titis, los lacios, los enteraos y los borrachos, las preparan a la plancha acompañadas de esta multifacética ensalada.

COMO APROVECHAR LA MELVA DE TEMPORADA II. EL ESCABECHE.

 

Reminiscencia de un pasado no muy lejano en el que había que ingeniárselas sin frigorífico, ha llegado hasta nuestros días un plato tan rico como diferente según las costumbres y los lugares. Todos estos platos tienen en común el uso del vinagre para la cocción del pescado, pero nada más.

En el norte de Italia en la región del Piamonte elaboran un escabeche con pescado de rio al que llaman pesce in carpione, que es para chuparse los dedos. En la isla de Cerdeña también elaboran otro tipo de escabeche a base de pintarroja al que llaman gattuccio o burrida que se sirve frio como aperitivo.

Mi padre elabora un escabeche, a su manera usando el pescado frito que ha sobrado de la comida, normalmente boquerones o caballa. Fríe primero mucha cebolla y la aparta. Coloca el pescado con cuidado en una ollita de barro con un chorrito de aceite, cubriéndolo con la cebolla y las especias (laurel, pimienta, clavo…). Lo riega todo con un buen chorro de vinagre y lo pone a cocer hasta que se evapore todo el vinagre. Este tipo de escabeche se solía hacer cuando sobraba pescado frito para poder comerlo otro día sin necesitad de guardarlo en la nevera.

Consuelo, una gran mujer a la que tengo un especial aprecio me contó entre los fogones de su bar como hacia ella el escabeche con las caballas que pescaba por la noche su hijo Antonio. También se puede hacer con melva, albacora, bonito, atún o sardina. Esta última se limpia retirando la cabeza y las vísceras y los demás pescados se cortan a medallones. No conviene mezclar diferentes pescados ya que cada uno tiene su tiempo de cocción y por supuesto su sabor.

Se hace todo en crudo, usando una olla de barro de buena base para colocar bien el pescado. Las sardinas se colocan en forma radial y la caballa y el resto de los túnidos en rodajas bien juntas. Después de salar el pescado se cubre con rodajas de tomate y cebolla a partes iguales hasta que casi no se vea el pescado. Ponemos también unos ajos, granos de pimienta, una hoja de laurel, un clavo, azafrán de hebra y un sobre de colorante alimentario. Si nos gusta el picante se le puede añadir una guindilla seca. Por último se vierten aceite de oliva y vinagre de vino blanco a partes iguales hasta cubrirlo casi todo. Se pone a fuego lento unos veinte minutos y una vez cocido se deja reposar y se come frio.

COMO APROVECHAR LA MELVA DE TEMPORADA I. EN CONSERVA

Con la llegada del otoño es tiempo de recoger y guardar para el duro invierno, bueno en Almería lo duro es ver a la gente por la calle disfrazada de invierno, ataviada con guantes, bufanda, gorro, chaquetón, rebequilla, cuello vuelto y botas de pelillo con el termómetro de la Puerta Purchena marcando 22º C y un  guiri tomándose un americano en el quiosco Amalia, en mangas de camisa y chanchas… con calcetines.

Es cierto que la Naturaleza, en un último esfuerzo, nos obsequia con toda una suerte de alimentos para llenar nuestras despensas.

El pistoletazo de salida lo da la vendimia que en los lugares calurosos comienza a mediados de agosto. Después las zarzamoras y la recogida de la almendra, las jugosas granadas, las nueces, las castañas y bien entrado el otoño, la aceituna. Es tiempo de montanera y los gorrinos se atiborran de bellotas y con suerte de alguna preciadísima trufa. Las setas ya van asomando entre las hojas caídas de los árboles y poco a poco se dibujan los ocres de una postal otoñal.

Cruzando el Estrecho, vuelven al cálido Mediterráneo, los atunes y las melvas que buscando las frescas aguas del Atlántico, han pasado las vacaciones estivales jugando al bingo en La Caleta.

RECETA:

Se cortan las melvas a medallones desechando cabeza y vísceras.

Se cuecen en agua con unas bolitas de pimienta una cucharadita de sal y laurel, también se le puede añadir un chorrito de vinagre o limón, al gusto.

Dejar cocer unos 20-30 minutos y dejar enfriar. Cuando se haya enfriado, procedemos a limpiar las espinas. Esto es muy importante, ya que limpiar el pescado aún caliente es mucho más difícil porque está blando y sin consistencia y es muy probable que se deshaga y acabemos con la encimera llena de migas, pellejillos, espinas y nuestra paciencia esturreada por la cocina.

Para lavar bien los lomos ya sin espinas usaremos su propia agua de cocción.

Una vez todo el pescado limpio, lo introducimos en botes de cristal previamente hervidos. Yo hiervo también unas pinzas de camarero de barra para tocar lo menos posible el interior de los botes. No tengo que decir que todo el proceso debe ser lo más aséptico posible, para no contaminar de gérmenes el producto.

Una vez llenos los botes, se enrasan con el agua de cocción bien limpia y colada o con aceite de girasol y se cierran. El girasol es más neutro y no interfiere en el sabor de la melva además permanece liquido en la nevera, pero es cuestión de gustos.

Por último, se cuecen al baño María hasta que se abomben las tapaderas y de nuevo se dejan enfriar completamente y si lo hemos hecho bien las tapaderas, al hacer el vació, se vuelven un poco cóncavas.

 

SHARKITO HACE LA PRUEBA DEL COVID

¡TODOS LOS CAVINOS LLEVAN A ROMA!

Breve explicación del proceso de búsqueda on line de un vino determinado y todo el proceso a través de correos, llamadas telefónicas, transferencias y demás para conseguir nuestro preciado botín. Os aseguro que es muy divertido y el vino sabe mejor cuando ha sido difícil ponerlo en tu mesa para disfrutarlo con amigos.

GUÍA DE VINOS. QUE NO TE DEN GATO POR LIEBRE

Cuando queremos comprarnos unas gafas de sol, queremos que sean bonitas, a la moda, que nos protejan del sol y además que tengan un buen precio. Por supuesto, no vamos al supermercado a comprarlas ni pretendemos ,para nosotros, llevar las que lleva todo el mundo, ya que buscamos algo diferente y exclusivo que nos diferencie del resto y nos de ese toque único y personal que nos haga sentir especiales. Una vez tomada la decisión, las llevamos perfectamente guardadas en su funda, por lo menos al principio y las limpiamos con esmero antes de ponérnoslas.
Y digo yo… ¿porqué no hacemos eso mismo al comprar un vino? No me refiero a ir a una óptica a pedir un crianza del Bierzo precisamente…
El vino, al contrario que unas gafas, es un producto perecedero, vivo y cambiante. Tenemos el concepto que al estar embotellado es un elixir perfectamente estanco y perdurable en el tiempo, nada más lejos de la realidad, de ser así yo mismo viviría dentro de una botella…
Por tanto, debe ser un producto tratado con el mismo cuidado que la fruta, con la diferencia que está habla por sí sola con su aspecto, mientras que el vino esconde sus virtudes y defectos detrás de un pobre corcho.
Mi consejo es comprar el vino siempre que se pueda, directamente a la bodega, pues como unos padres a un hijo, le van a dar el mejor trato. Lo ideal es hacer las compras los lunes, ya que si lo hacemos avanzada la semana, corremos el riesgo de que la empresa de transportes castigue al vino todo el fin de semana  en un almacén poligonero con el techo de chapa a 40° C a la sombra.
Lo mismo ocurre con distribuidores, supermercados y tiendas de barrio. Normalmente compran mucha cantidad de vino y lo almacenan, vendiéndolo poco a poco. El problema es que las condiciones de guarda del vino no son buenas, salvo que lo especifiquen expresamente (algunas vinotecas disponen de cavas donde guardan todo el vino). *

Como resultado el producto se deteriora y no disponen de las últimas añadas, lanzando “ofertas” para sacar al mercado añadas pasadas y vinos de sospechosa calidad… http://boquitadecura.com/cuando-hay-que-comprar-los-vinos/

Y os preguntaréis, ¿pero qué tiene el vino para que sea tan frágil?
Fijaos, es bien sencillo. El vino es agua, alcohol, esencias, pigmentos y microorganismos. Las esencias que contiene se estropean en contacto con el aire (como cuando cortamos una manzana por la mitad) y se deterioran con una temperatura excesiva (os habéis fijado que malo está el jamón en verano). Los microorganismos también se activan demasiado con el calor (que se lo digan a las bacterias de los pies en verano). Además el enólogo/a diseñó el vino para que estuviera a una temperatura determinada y no es casualidad. Durante la fermentación (transformación mediante levaduras del mosto en vino) se controla la temperatura a sabiendas de que los aromas y sabores que contenían originariamente las uvas sean perceptibles para nosotros y el vino se muestre en todo su esplendor.
¿No os habéis fijado que un tinto muy frío no huele ni sabe a nada y que un blanco del tiempo no huele y sabe fatal? Es como un edredón de verano o un bikini de invierno.

 

 

 http://www.soleraiberica.com/inicio.htm

Un pequeño establecimiento de trato personal y muy grato. Conservan el vino entre algodones entre las gruesas paredes de la casa antigua en la que se encuentra. Es un placer ir a comprar, Alfonso se encarga de que siempre encontremos aquello que buscamos.

https://catatu.es/

Una opción muy interesante. Son meros intermediarios para bodegas que no tienen tienda on line. Ofrecen el producto en su web pero no lo tienen físicamente. Una vez realizado el pedido, lo recogen en bodega y nos lo llevan a casa.

https://coallagourmet.com/es/

Una tienda on-line super exclusiva. Tienen todos los vinos del elitista club formado por Equipo Navazos https://www.equiponavazos.com/es/inicio/ . Un grupo de amiguetes que iban a las bodegas, elegían las mejores botas (barricas) de vino, las compraban y embotellaban su vino. Primero se lo repartían entre ellos pero se corrió la voz y ahora con un poco de suerte, el pueblo llano puede comprar en esta web, algunas de estas joyas enológicas.

http://bodegasorowines.com/

Se trata de un grupo bodeguero con precios muy competitivos y buena relación calidad-precio. Tiene en sus filas el top ventas Juan Gil y algunos vinos excepcionales como Clio o El Nido.

https://www.clubcuvee.com/es/

Se trata de la pagina de venta on-line del gigante Grupo Freixenet. Al igual que catatu, no disponen del producto almacenado si no que recogen el vino en las bodegas y lo llevan a casa. La atención al cliente es excelente. Son expertos en el producto y están siempre dispuestos a resolvernos dudas o asesorarnos acerca de cualquiera de sus vinos y cavas, tanto por correo como vía telefónica.

http://www.principedeviana.com/

https://www.monjardin.es/

https://www.bodegainurrieta.com/

Boquita de cura tiene debilidad por Navarra. Su atención al cliente es tal y la amabilidad y el trato tan buenos que estoy seguro de que sus vinos llevan la impronta de la tierra y el carácter de sus gentes.

https://www.bodegasfarina.com/

Esta bodega de Toro elabora el primer vino de cada año, después de la vendimia. Sale al mercado la tercera semana de Noviembre y la bodega se encarga de que el vino esté en todos los bares, restaurantes, tascas, mesones y en la casa de boquita de cura el día D, para que en toda España se descorche el primer vino del año a la vez. Sublime.

 

Quizá los vinos más inaccesibles on-line sean los del Priorat, el Bierzo y los vinos gallegos. Son bodegas muy pequeñas que producen un numero reducido de botellas al año y que aún apuestan por el trato tu a tu.

Producen vinos de una calidad excepcional y se los quitan de las manos, así que pensarán, «el que quiera vino, que venga a mi casa»…

Otra denominación de Origen que a mi parecer necesita actualizarse, es Montilla -Moriles. Es verdaderamente difícil comprar vino. La mayoría no tienen venta on-line o no tienen actualizada la web.

!A pesar de tener vinos con 100 puntos Parker!

¿QUÉ PASA CON LOS BLANCOS EN VERANO?

 

Cuando llega el verano, empieza la búsqueda sin fin de algo que nos refresque la garganta, nos quite la sed, nos recomponga y si puede ser que nos traslade a un campo de césped recién cortado, lleno de jazmines y limoneros en flor, cubiertos de rocío mañanero, mientras una suerte de querubines nos abanica con sus alitas, escuchando a los jilgueros chapoteando juguetones, en el agua de un arroyo cercano.

El vino también tiene su lugar en los cálidos días de verano.

Algunos tintos, si digo tintos… ¡¡¡Y NO ES BROMA!!!, pueden beberse en verano. Los tintos jóvenes y los de maceración carbónica son los elegidos en este caso, ideales dándoles un puntito de frío antes de beberlos.

Los reyes indiscutibles del calor son los vinos blancos, ¡pero ojo! no todos, de hecho en este caso van a tomar especial protagonismo aquellos más humildes y sencillos, no por ello de peor calidad.

Vamos a huir de vinos complejos, con maceraciones muy prolongadas, de fermentación en barrica o blancos sobre lías. Estos vinos son muy aromáticos, complejos y densos en boca, con bastante alcohol y con notas que recuerdan a vainilla, bollería, mantequilla, tostados, frutas en almíbar… como veis cosas no muy apetecibles para la mayoría cuando estás en un chiringuito. Así los vinos elaborados con uvas Chardonnay, Malvasía, Moscatel, Gewüstraminer o Pedro Ximenez normalmente van a dar lugar a vinos excelentes, pero muy, muy intensos, perfectos para unos quesos curados y con el aire acondicionado a 16º C.

Los vinos que propongo son los elaborados con uvas más planas en cuanto a su paleta de aromas, con menos intensidad y con un punto de acidez que le den al vino ese puntito de frescor que estamos buscando.

Los blancos manchegos hechos con uva Airén son un buen ejemplo. Ciertos toques a manzana verde y piña, con poco alcohol y muy fáciles de beber.

La omnipresente uva verdejo de Rueda también entraría en el lote, como estándar de vino blanco español, buscando elaboraciones sencillas de vino cosechero del año.

Otras zonas como Huelva, hacen también vinos frescos que adelantando la vendimia buscan uvas más verdes y ácidas. Además como curiosidad, la uva Zalema es autóctona y solo se cultiva allí. Algunos blancos elaborados con Jaén Blanca también dan la talla y los blancos riojanos y catalanes hechos con Macabeo o Viura como la llaman en La Rioja.

En la mitad norte de España se hacen algunos vinos con Savignon Blanc que podrían encajar ya que aunque son muy aromáticos tienen acidez suficiente para refrescar sin resultar empalagosos.

Algo más caros pero espectaculares son los vinos gallegos,  los famosos Albariños y los excepcionales vinos hechos con uva Godello. Tienen una elevada acidez y unos increíbles toques cítricos además de ciertos recuerdos salinos por su proximidad con el Atlántico.

Por último no nos podemos olvidar de los cavas. En este caso yo elegiría siempre un Brut Nature, elaborados por el método tradicional con Macabeo, Xarello y Parellada.

“Y NO ES BROMA”

En Cádiz no se da “puntá” sin hilo y hay que hilar finísimo cuando se habla para que no te pase como a mi cuñado en Conil:

“¡Camarero!.  Por favor ponga media de cazón en adobo, unas papas aliñás y media de ortiguillas. Ah y de beber una caña bien fría y un rioja del tiempo”. (Agosto, con un levante que le sacaba brillo a los adoquines de la calle.)

El camarero, de nariz aguileña, con una camisa abierta hasta el ombligo que dejaba entrever un ancla de oro colgando de su pecho bronceado, hizo un silencio y a continuación gritó:

“Quilloooo, media de casón, una de papas, media de ortiguillas, una caña y un rioja del tiempo………… ¡¡¡Y NO ES BROMAAAAAA!!!.

Esto mismo se lo estaba yo contando a mi amigo Carlos, que en plena feria de la Manzanilla en Sanlúcar de Barrameda, quería pedirle al camarero un vino tinto en lugar de una manzanilla. Le advertí que no le iba a hacer gracia que no pidiera una manzanilla, vino por el que se celebra la feria, pero no me hizo caso y pidió su vino tinto.

Cuando sirvió la ronda, casualmente, las manzanillas estaban escarchadas cada cual en su catavinos, pero el tinto no. Al coger la copa Carlos casi se quema y es que ¡¡¡ACABABA DE SACARLA DEL LAVAVAJILLAS!!!

 

https://www.santacatalina.es/

https://contrerasruiz.com/index.php/es/

http://www.bodegascamposreales.com/

https://www.bodegainurrieta.com/

https://www.clubcuvee.com/es/producto/dos-lustros-2/

 

?CÓMPRAME NIÑA MIS BOQUERONES?

En este video os enseño a limpiar boquerones de tripas y espinas. Explico dos maneras de hacerlo, que cada cual elija la suya.

DEJARSE LLEVAR POR LOS CANTOS DE SIRENA. LA RESACA

 

 

Una vieja conocida que tenía olvidada, hasta que esta mañana, ha venido a despertarme con dos mazas de encofrador, dándome en las sienes como a un cajón que no cierra o como un ciego a un interruptor. Estaba escondida en una garrafilla de vermú casero que me regalaron prometiéndome que era suavillo…

Que sería de alguno de nosotros sin ella que a pesar de sacudirnos una y otra vez como los flecos de la moto de un hippie, seguimos cayendo en su regazo igualito que los mujos de puerto que abren la boca sin preguntar a todo lo que caiga en el agua… o en la copa.

Hay tantos remedios como tipos de resacas a cual más inútil. Hay también verdaderos eruditos sobre el tema que exponen sus teorías en la barra del bar o en tu ojera, con tu hombro como atril a golpecitos de manilla muerta, para explicarte, los secretos de su fórmula infalible contra la resaca. La misma fórmula que a la mañana siguiente desechas en pos de un ibuprofeno, una cama a oscuras donde esconderte como una cucaracha y agua, pero a traguito corto, sorteando las náuseas con habilidad de faquir.

-“Hay que beber agua entre tragos”. Toda la noche en la cola del baño, tiene sentido, oveja de bala bocado que pierde, a menos que te lleves la copa contigo, como un asqueroso, claro.

-“Una cucharada de aceite, antes de salir de copas”.  Ojo que te vas de vareta.

-“Nunca mezclar bebidas”, entonces o bebo whisky con las tapas o toda la noche a base de vinaque.

-“Antes de acostarte, un ibuprofeno”. Hay que dar gracias si me despierto en la cama de una pieza, ¿ibupro…que?

-“Lo mejor es salir a hacer deporte para sudar el alcohol”. No, es mejor que te fulmine un rayo y dejar de sufrir.

-“Una cerveza nada más levantarte”. Para caerte muerto a continuación del asco. Eso, si no pones la cocina, pasillo y baño perdidos, con la media nevera que te jalaste antes de acostarte.

-“Una ducha fría”. Cuerpo cortado todo el día y resfriado con placas en la garganta y fiebre toda la semana.

-“Un zumo de tomate que te hidrata y tiene vitaminas”. Y acido, también tiene mucho ácido. El zumito se queda toda la mañana bailando en tu estómago como el platillo de un buscador de oro.

-“Una Coca-Cola bien fría”. Es mejor una patada fuerte en la boca del estómago, total para cómo se te va a quedar…

-“No hay nada como un buen desayuno continental”. Y una banda de cornetas tocando el “Quinto levanta…” Con el estómago de un colibrí, da gracias si puedes tomarte el ibuprofeno.

-“Yo no sé lo que es tener resaca”.  Ni tú, ni Superman, ni Blancanieves, ni el Chupacabras…no te jode…

La entrada en escena de la resaca también es muy variada y caprichosa.

LA INSTANTÁNEA: Muy de chiringuito de bar, el calorcito, las sardinas, la pipirrana de pulpo, los pinchitos y la ensaladilla rusa, piden beber cerveza sin conocimiento. Después el sol y la indigestión hacen el resto, el final ya lo sabéis. Idas y venidas al agua en un vano intento de refrescar la olla exprés en la que nos hemos convertido. Sopor, mal cuerpo, la cabeza como un balón de Pilates, la barriga como un poni de feria y la boca como la de Lawrence de Arabia comiendo cortezas.

LA” INCRESCENTE”: Esta tiene miga. Te despiertas, abres los ojos con desdén, esperando que la espada de Damocles te parta por la mitad y… no pasa nada. Recoges del suelo las monedas, la batería y la carcasa del móvil y apagas todas las luces de la casa… y te sigues encontrando extrañamente bien.  Cafelito prudente, te mueves como un mimo robando y te duchas… Montas el móvil, te vistes y llamas para quedar… ¡Estoy bien! Jajaja. Si, bien jodido, chaval.

Sales a la calle y a eso de las 12:00 aparece nuestra amiga. Primero un ligero escalofrío sin importancia, un ratito después, sudor frio, vas capeando el temporal como puedes, mientras siguen apareciendo en cascada cada una de las copitas que la noche anterior te tiraste a la cara, resultado: pijama y sofá con la luz tenue con más miedo que vergüenza.

LA RESACA EN BROTES: Esta viene con nosotros cuando vamos de vacaciones. Queremos verlo todo, visitar museos, hacer excursiones y vivir a tope nuestro tiempo libre. Se sale por la noche para conocer la ciudad y se prueban los brebajes típicos del lugar. La euforia y la ilusión nos despiertan para seguir conociendo la ciudad, pero… sin comerlo ni beberlo, en el free tour del Coliseo… ¡zas amarillazo! sudor frio y un tembleque soberbio con unas buenas nauseas, que con dos sorbitos de refresco y unos bocados al sándwich robado del bufet libre, desaparece. Por la tarde en la Fontana de Trevi de repente otra vez, no sabes si tirarte de cabeza a la fuente o al suelo a que te coman las palomas. Un café y un brioche por 30 euros y otra vez nuevo.

LA TEMBLORONA: Ésta es de semiprofesional. Días tontos que empiezan a mediodía con cañas, café, copas, cañas, copas y más copas… pero que como alumno aventajado se ha hecho la tarea. Normalmente en este tipo de resacas, el personaje de la historia, perro viejo, se ha retirado a tiempo y ha dormido lo suficiente como para que su hígado y sus riñones hicieran el trabajo sucio. Así al despertar, las secuelas han quedado limitadas a un tembleque de auténtico vinagre.

LA LOBOTOMIZADORA: Solo para profesionales. Más que una resaca es un estado. Solo se puede llegar a ella habiendo pasado por las otras repetidamente y en días consecutivos, lo que significa que la resaca se rinde y pasa de nosotros. No sabe ya qué hacerle a nuestro cuerpo a pesar de lo cual seguimos empinando el codo, así que, nos convierte en autómatas con la velocidad mental de un Espectrum de cinta, lo justo para ir a la barra y pedir la penúltima. Estados especiales que solo se consiguen en grandes ferias, romerías y cumpleaños encadenados, despedidas de soltero y fiestas de guardar.

Fuera de clasificación, no catalogada y prohibida por sanidad, existe una resaca vengativa, peligrosa y salvaje como el mismísimo lince que la observa desde la otra orilla, en El Parque Nacional de Doñana. Tan densa y letal como las nubes de mosquitos que cruzan el Guadalquivir para irse de feria por Sanlucar. Hablo… de la resaca de MANZANILLA.

Un fin de semana en su feria bebiendo manzanilla te garantiza una semana o más de coletazos cerebrales y alucinaciones, viajes astrales y una pesadez mental comparable a la de una «hartá» de tortillitas de camarones y papas aliñas. Solo unos pocos seguimos con ganas de repetir, la vieja guardia, corsarios, piratas y gente de mal vivir…